(Una
pequeña distopía amarilla)
Martes 07 de julio
del 2048
La Invasión Amarilla ha
llegado a la Capital. En medio de la horda de mierda de periodistas burócratas y
cazarrecompensas Fake-News-Freelance del Nuevo Orden, que venderían su carne
por tener la primicia de una injusticia viral, el único que ha demostrado poder
informar sin traicionar los hechos es el misterioso RB. Mi vida peligra. Todos
quieren la información que por error intenté compartir en el ahora corrupto
neuro-periódico El Carnicero, el supuesto medio alternativo en el que alguna
vez los Caudillos del Neón denunciaron en el 2039 la conspiración Pollo al Carbón que ocultaba que Bogotá
se convertiría en un horno comandado por las dos fuerzas policiacas más
represoras del continente: la PRTDP (Policía de Represiones Tradicionales para
la Defensa de la Posverdad) y la FAG (Fuerza de Ataque Genocida). El
neuro-periódico me tiró la puerta en la cara y de pasó ofreció mi cabeza en
bandeja de plata a los chacales de la información.
Todo empezó con un
grafiti amarillo en el templete del Parque de los Periodistas: “Nueva Amarilla
conquixxxta a la Vieja Gris”. A simple vista era una frase más de las tantas
que, cargadas de ambigüedad, abundan en una ciudad de tachones y
multiplicidades; pero con el pasar de los días el color se apoderó de bustos,
placas, publicidades y las ventanas de los articulados del viejo Transmilenio
que desde hacía unas semanas la alcaldía había rebautizado como Trans-Eón, para
darle un nuevo aire al ya viciado servicio de transporte que todos odiábamos
desde el 2031, cuando varios de sus buses arroyaron a un total de 176 jóvenes
que protestaban contra la Ley Cobain, que pretendía desde el 2033 reducir a 27
los años de vida de los ciudadanos que manifestaran aberraciones en su ADN.
Las alarmas se prendieron
por la inesperada invasión del amarillo. Algunos especuladores empezaron a
decir que se trataba de una nueva guerrilla urbana que pretendía recuperar el
oro escondido en los búnkeres debajo del metro subterráneo que había empezado a
funcionar a finales del 2032. Otros, más osados, se atrevieron a contar que era
la manifestación de un grupo activista de artistas egipcios adoradores del dios
Ra que vivían en Chapinero y que habían sido financiados por el almacén de
cadena ¡Fracasus! En el último intento antes de sumergirse en su bien merecida
banca rota, después de muchas décadas depredando el bolsillo de los colombianos.
Yo sospeché desde el primer momento que ese color tendría tintes apocalípticos
en su cuarto de hora en la historia de Bogotá.
El jueves 9 de abril, vi
en el Canal Molusco las noticias matutinas que informaban que la noche anterior
toda la plazoleta del Chorro de Quevedo había sido invadida por el resplandeciente amarillo, acompañado con un grafiti
en negro que decía: “Nuevo Bogotaxxxo: Longitud de Onda 579-580 nm”. Ese mismo
día al mediodía, al no tener nada mejor que hacer y dada mi tendencia a mirar
debajo de las piedras arquitectónicas de mi ciudad, me fui a caminar por el
Centro a ver qué encontraba que pudiera darme una pista del paradero del autor
o los autores de “semejante afrenta a uno de los sitios icónicos de los
orígenes de la ciudad”, como decía un presentador mientras sostenía la mitad de
su cara que se derretía en vivo y en directo por el efecto del bótox adulterado
que se comercializa en los baños públicos de la Zona Fucsia. Caminé durante
horas mirando y apuntando todas las nomenclaturas extrañas que encontré adentro
y en los alrededores de La Candelaria. Las autoridades habían acordonado el
Chorro y pedían con patanería la identificación ADNei-K a todo el que anduviera
por ahí de mirón. Cuando uno de esos animales orwellianos de la PRTDP me vio
tomando notas en mi libretica se me abalanzó con rabia y les gritó a sus
compañeros que yo era un sospechoso. Los Sus
scrofa domestica me rodearon y arrebatándome la libreta de la que no
pudieron entender mayor cosa, me interrogaron con preguntas tan idiotas y
descabelladas como sus propias existencias. Ellos que son los elucubradores por
excelencia, buscaban una excusa para acusarme de ser el autor intelectual o
cómplice del atentado amarillento. Al revisar mi ADN y no encontrar algo que
pudieran usar en mi contra, me soltaron, advirtiendo que no querían verme
rondando por los alrededores. Bajé por la Carrera 3 y al llegar a la Jiménez
caminé hasta el edificio donde alguna vez existió la Lerner. Me senté en uno de
esos sucios ventanales que alguna vez fueron sus llamativas vitrinas, mientras
la multitud me miraba con ojos de adictos a los Copro-Feeds. No me explicaba en
qué momento Bogotá se había convertido en una ciudad desconocida, porque,
aunque desde siempre había sido una ciudad de mierda, nos garantizaba alguna
certeza o una sorpresa de la que agarrarnos hasta la próxima vez. Quizás todo
cambió en el 35 cuando se desplomó la Torre de Colpatria o en el 37 con el gran
incendio que dejó en cenizas a todo San Victorino. Aunque todos sabíamos que la
ciudad se había ido al infierno cuando en el 2044 empezó una ola de calor que
acabó con el frío para siempre, generando un bochorno absoluto, una tristeza
gris y calurosa que no volvería a vestir con chaquetas y bufandas.
En
esta parte el diario es ininteligible. Se perdieron aproximadamente 4 párrafos
por el deterioro del papel
(Nota del editor).
… Era de noche cuando el
tipo corpulento apareció como un resplandor y sacó mi cabeza de las aguas del
Nuevo Vicachá donde me imagino hacía pocos segundos me habían dejado tirado los
Amarillentos; no lo puedo decir con certeza. Frente a los ojos atónitos de los
transeúntes, me llevó arrastras hasta el templete del Parque de los Periodistas
donde había empezado la historia del amarillo. Yo estaba temblando por todo lo
que había visto en el sótano de la vieja librería Lerner, por lo que no opuse
resistencia.
Entonces el tipo
entregándome un cigarrillo me dijo: “lo que te contó es peligroso y si eres
listo lo compartirás con un medio que lo muestre sin manipulaciones, de tal
manera que todos lo puedan entender. Indudablemente habrá caos y bajas… El
ciudadano de a pie amante del gris no lo entenderá de buenas a primeras, pero
tenemos el derecho… Nadie en nuestra ciudad tomaba en serio los discursos
escatológicos sobre el calor. Veinte años después Yellow Hell se convirtió en
una hoguera invivible y luego desapareció bajo las aguas del Mar Caribe, que no
paraban de hervir por la inclemencia del sol. Por eso terminamos en esta ciudad
que alguna vez fue fría y lluviosa. Nuestro líder Amarilo Kalamary nos reunió a
todos y nos enseñó que debíamos llevar la Ciudad Amarilla a donde fuéramos…
Esta metrópolis nos pertenece tanto como nuestra nanopolis les perteneció
cuando iban de turistas. Llenaremos de vida amarilla hasta el último rincón de
este infinito número de búnkeres grises divididos por avenidas invadidas por la
incertidumbre… es hora que Bogotá se convierta en Nueva Yellow Hell…”
El tipo me miró en
silencio como queriendo agregar algo más, pero se lo guardó y se alejó bajando
por la Jiménez, imagino que rumbo a la monstruosidad amarilla que se escondía
en el sótano de la desaparecida librería. Yo me sentía como un espantapájaros,
asustado no solo por las consecuencias de una Rebelión Amarilla en una ciudad
con un sistema policiaco capaz de todo con tal de arrojar buenas cifras, sino
que los bogotanos al ver las intenciones de los yellowhellianos dirían que la pérdida del clima frío era una
venganza y no una consecuencia de los ciclos de la demente naturaleza. Me
levanté y regresé a casa, arrepentido por ser testigo de semejante locura que
hubiera preferido de un color menos llamativo. Si los bogotanos hubiéramos
sospechado que nos iban a salir tan caras las vacaciones en Amarilla con sus ya
desaparecidas murallas y atardeceres extraordinarios, no hubiéramos ni por un
instante pensado en esa ciudad caliente de mierda.
A
partir de aquí el diario es ininteligible una vez más. Esta publicación fue
posible gracias al apoyo del periodista clandestino RB quien divulgó la noticia
en la Frecuencia 557 como era el deseo del escribano Gonzalo Gris del que se
desconoce su paradero (Nota
del editor).
Una
primera versión de este texto fue publicada por primera vez en la edición 140
del fanzine Ficciorama editado por Boris Greiff en el año 2024. Las iniciales
de RB, hacen referencia a Rick Barracuda, personaje del universo Ficciorama. Se
usan las iniciales para respetar el derecho de autor (Nota del autor).
Este
relato es un apéndice del libro de relatos “El circo del silencio” de QöXaHöMN.
Autor: El Señor Underground
Portada: @cartografiasinconexas